miércoles, 1 de mayo de 2013

Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único.

         NO    SIEMPRE    SE    VE    LO    QUE    SE    QUIERE           
<<¿Pero tú ves algo, Galana ?  -le preguntó
Cuarto e kilo.
    -Ver mí bultos ellos. >>
Explicó que distinguía las masas de oscuridad en medio de la luz: esto por lo tocante a las cosa del mundo de acá. Pero en lo de los mundos misteriosos que se extienden por encima y por debajo, delante y detrás, fuera y dentro del nuestro, sus ojos veían claro, cuando veían, mismos como vosotras ver amigo.
Bueno: se le aparecieron dos ángeles, y como no era cosa de aparecerse para no decir nada, le dijeron que venían de parte del Rey de las tierras bajas con una embajada para el. El señor Vincent tenía que hablarle, para lo cual era preciso que se fuese mi hombre para el Matadero por la noche, que estuviese allí quemando incienso, y rezando en medio de los despojos de reses y charcos de sangre, hasta las doce en punto, hora invariable de la entrevista. No hay que añadir que los ángeles se marcharon con viento fresco en cuanto dieron conocimiento de su mensaje Monreal, y este cogió sus trebejos de sahumar, la pipa, la ración de cáñamo en un papel, y se fue caminito del Matadero: el largo plantón que le esperaba, se le haría menos aburrido fumando.
 Para no cansar, apareció por fin el Rey, hermoso, con humana y divina hermosura, barba larga y negra, aretes en las orejas, corona de oro que parecía tener como pedrería el sol, la luna y las estrellas. Verde era su traje, que por lo fino debía de ser obra de unas arañas muy pulidas que en los profundos senos de la tierra se tejen con hebras de fuego. El deslumbraba. Como le preguntara la Galana si no venía también Su Majestad la Reina, se quedo un momento pensando el señor Vincent, pensando y al fin dio cuenta de que vio también a la señora del Rey, pero con la cara muy tapada, como la luna entre las nubes, y por esta razón Vincent no pudo distinguirla bien. La Soberana vestía de amarillo, de un color así como nuestros pensamientos cuando estamos alegres y tristes. Y mientras esto pasaba yo colocaba los canastos para recoger los frutos que iban cayendo del árbol, incluso Vincet se subió para lanzarme algunos que no querían caer.
Ya había pasado la tarde y había que recoger todos los "Trastos" y marchar para casa pues la noche estaba llegando y nos esperaban para la cena, creo que llegando a la cabaña cuando vi una luz de lejos y al llegar era Galana que había salido a recibirnos, no metimos en la casa con la cena lista, después para descansar con otro día por delante.

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